Las tres personalidades del emprendedor

Uno de los temas más importante que puede leer en el libro The E-Myth (El Mito del Emprendedor) de Michael E. Gerber es el de las tres personalidades que actúan en el emprendedor, a lo largo y ancho de la formación de un negocio, es decir, desde que inicia siendo una startup hasta su consolidación.

Lo que vuelve relevante el tema de las personalidades es el proceso intrincado a donde puede llevar no saber identificar cómo y cuándo las personalidades se hacen presentes dentro de cada emprendedor en el día a día, pues esto genera que se cometan múltiples errores y tropiezos en el proceso de creación y cambio continuo que con lleva la ya de por sí aventura extrema de la búsqueda de la iniciación hasta el laberinto en movimiento de la consolidación de un negocio.

Las personalidades que actúan, según Michael E. Gerber, en cada emprendedor al momento que decide lanzarse a hacer un negocio son tres:

a) Como emprendedor

b) Como directivo

c) Como técnico

Estas personalidades se pueden volver confusas y complicadas según la maduración del emprendedor y la fase de desarrollo en la que se encuentre lo que se quiere sea negocio.

Para Michael E. Gerber el emprendedor actúa por primera vez como técnico cuando en su pensamiento quiere liberarse de ser empleado para ser emprendedor, teniendo él como fundamento que desarrollaba un trabajo técnico y era demasiado bueno en ello, pero lo estaba haciendo para hacer ganar dinero a un tercero.

El técnico no sólo se presentará en esa ocasión, también lo hará en otras situaciones, como cuando el emprendedor quiera tener el control de la operación y seguir siendo el que desarrolla la parte técnica, también se presentará en una fase de desconfianza, pues sabe que quien ahora aprende en su negocio podría hacer lo mismo que él hizo cuando quiso dejar de trabajar para un tercero. El técnico se hará presente en cualquier momento, en especial cuando la persona es la empresa, es decir, en la fase inicial del negocio, pero volverá en cada momento y esto pudiera evitar que lo que se pretenda ser negocio jamás se consolide, porque sencillamente el emprendedor quiere ser toda la empresa.

Por otro lado, según el mismo autor, el emprendedor actúa como un directivo cuando ve en la necesidad de tener orden, de hacer planeación y ser sumamente práctico para alcanzar resultados. El emprendedor se ve obligado a todo esto porque la empresa está pasando por su parte de adolescencia a la madurez, se cuenta con algunos empleados, y se ocupa mantener resultados controlados y sin variaciones. La actuación del directivo se hará presente invariablemente, algunas veces se hace presente en etapas muy tempranas del emprendedor por lo que demasiada búsqueda de perfección, control, orden y los gastos de recursos innecesarios que todo esto conlleva pueden hacerlo desenfocarse de la importante tarea de lograr que sea negocio lo que ha emprendido. Por ello, el actuar como directivo en una etapa muy temprana pudiera ser un problema, lo mismo que no saber delegar o contratar a personas con esta personalidad cuando la empresa empieza a alcanzar escalación o fase de madurez.

La persona actuará como emprendedor, cuando salga a flote su parte creadora, haciendo frente a lo desconocido, creando posibilidades a partir de las posibilidades, estará presente en toda la vida de la empresa, pues es lo que hace rejuvenecer y lograr resultados disruptivos, lo mismo que encontrar oportunidades. Esta personalidad siempre estará presente, pues se trata de un emprendedor, pero puede hacerse presente de manera aguda en etapas de adolescencia del negocio por lo que tanto cambio y variación en busca de oportunidad o resultados disruptivos, pudiera poner en una disyuntiva lo que se pretende sea negocio, por ello algunas veces se tendrá que limitar el actuar como emprendedor, es decir, no todo el tiempo su actuar emprendedor será positivo para lo que se ha propuesto o validado sea negocio. Este actuar en algunas ocasiones se tendrá que mesurar, y esto dependerá de la etapa donde se encuentre el desarrollo de lo que se pretende sea negocio.

Las personalidades que Michael E. Gerber presenta en su libro de manera aislada no representan una amenaza para lograr un negocio, lo que realmente se vuelve peligroso es que el emprendedor actúe de forma variable con una o con otra personalidad en etapas o fases de la vida del negocio donde pueden de manera muy fácil llevarlo al fracaso.

La actuación de las personalidades son necesarias desde el proceso de creación hasta su consolidación, como diría Michael E. Gerber:”un negocio emprendedor , sin un directivo que dé orden y sin un técnico que se ponga a trabajar, tendrá muchas posibilidades de fracasar”. Es decir, en su momento y en su etapa, estas personalidades serán fundamentales para el desarrollo, pero podrá ser fatal que se empleen en etapas que representan un gasto innecesario, desgaste, desviación y desenfoque frenando así el desarrollo de lo que se quiere sea negocio y la maduración del mismo emprendedor, esto último es la razón fundamental por lo que hay que prestarle atención a las personalidades de Michael E. Gerber. Todo emprendedor quiere hacer y tener un negocio, por ello habrá que tener cuidado

No basta tener para emprender

anio2014

Es inicio de año, y algunos consideran que es buen momento para emprender, por la sencilla razón de que se han hecho de algo de dinero. Sin embargo, esto no es suficiente para emprender.

La mayoría de las personas piensa que lo que se ocupa para poner un negocio es dinero, lo cual es totalmente falso. Una persona que tiene dinero y no sabe cómo emprender o hacer negocios, las veces que lo intente fracasará por más dinero que tenga. Para emprender lo que se ocupa es ser un emprendedor, después hacer el oficio de emprendedor, y por último, tener lo que se realmente se ocupa para que sea negocio.

Si primero se tiene y no se sabe qué hacer, es decir, que no se tenga en claro una propuesta de valor validada en el mercado y no se cuente con algunos clientes, lo que se tenga se malgastará y se intentará a prueba y error, en un proceso de azar y búsqueda de coincidencias, con el objetivo de lograr tener un negocio. Existen posibilidades que a la larga bajo esas condiciones se termine teniendo un negocio, pero también una curva de aprendizaje a un costo muy alto, además de despilfarrar dinero, recurso y tiempo.

Para ser un emprendedor, por lo menos se tiene que entender que no existen los ascensos y es necesario deshacerse del rol de empleado experto, ya se es director general, pero a veces se tienen que hacer todos los oficios con el fin de alcanzar el objetivo, lograr que sea negocio. Se tiene que vender, ahorrar y ser cauteloso con las oportunidades que se tengan para hacer dinero, todo lo que sea útil para el proyecto no se puede hacer aun lado. Además, se requiere estudiar todos los días de otros emprendedores y compartir. Ser un emprendedor es más que sólo decirlo, es un oficio doloroso pero también lleno de grandes satisfacciones, se empieza a ser emprendedor en el momento que se decide cómo hacer negocio.

Para hacer el oficio de emprendedor, lo mínimo que se ocupa es estar preocupado en cómo se ofrecerá valor a los clientes y cómo se obtendrán e incrementarán, sin esto no podrá haber negocio. Es por ello que se vuelve fundamental realizar el ejercicio tanto del modelo de negocio como el de la validación del producto y/o servicio, que tienen como objetivo hacer que el valor que se genere cumpla con las expectativas del mercado. No hay modelo de negocio perfecto pero si un sistema de validación que nos deje aprendizaje a un bajo costo, menor tiempo y sin agotar demasiados recursos, por ello hacer el oficio de emprendedor tendrá etapas, y al menos serán cuatro:

1) De la idea al modelo de negocio
2) del modelo de negocio al sistema de validación
3) de la validación a la ejecución
4) y por último, de la ejecución a los clientes

Por lo anterior, para tener como emprendedor, como ya se mencionó, lo que se va a necesitar es una propuesta de valor claramente definida y validada, además de contar con algunos clientes, en realidad eso es lo que se ocupa para que empiece el negocio, clientes comprando el producto. Para obtener clientes y validar la propuesta de valor en el mercado lo que hace el emprendedor es definir un sistema de validación y ejecutar, utilizando técnicas y estrategias, que tienen como objetivo lograr paso a paso lo que se propone a un menor costo y tiempo, ocupando el recurso mínimo, puesto que cualquier exceso y mal manejo pudiera cambiar las condiciones del negocio, en el peor de los casos al abandono, por ello es que tener sin ser y hacer, lleva a fracasar.

Así que si quieres ser un emprendedor y empezar un negocio cuenta con una propuesta de valor validada y algunos clientes, no se trata sólo de tener, eso no garantiza nada.

La puerta en un celular

La telefonía móvil empieza a dar signos de madurez en nuestro país. Según la SIEMT (2013) existen más de 100 millones 727 mil usuarios con celular, lo que representa aproximadamente un 91 porciento de la población en nuestro país.

Cada vez más se observa una menor tasa de crecimiento, esto por el nivel de penetración que ya se tiene, lo cual no significa un problema, sino la oportunidad de estar más cerca con el cliente a través de su celular.

Piénselo, el ecosistema para informar, generar ventas, hacer negocio y mejorar la relación con el cliente a través de los móviles es muy atractivo.

El cliente siempre trae consigo su celular, no necesariamente un smartphone, ya que estos sólo representan el 34 porciento de los usuarios, aunque sí representa una puerta para generar valor.

Se podría pensar que apostar por el sms y la voz es anticuado, sin embargo la mensajería celular y la contactación telefónica móvil aún es una gran oportunidad, ya que ambos estándares están presentes en cualquier tipo de teléfono móvil, y el mercado de los smartphone, como anteriormente se mencionó, representa hasta hoy una tercera parte. Además ambas formas de contacto significan una alternativa bastante sólida y fuerte para llegar a los clientes, a pesar de que sean de formato pobre, claro, esto si se ven como tecnologías aisladas, ya que se pueden apalancar relacionando información con plataformas web o servicios en mostrador, que puedan darle más información y beneficios al cliente.

En lo que seguramente está de acuerdo, es que apostar por los smartphones, sin duda es incuestionable, primero porque el mercado lleva ese horizonte, segundo su formato es sumamente potente y el ecosistema que se tiene en un teléfono smartphone es fértil y tercero, al momento de apostar por estos teléfonos, viene con ello, esa importancia que el usuario le está dando a los servicios de datos, es decir, el mercado de los smartphones, tabletas, netbooks, laptops, entre otros dispositivos móviles, que empiezan a generar un cuerno de abundancia bastante atractivo.

Su crecimiento va en aceleración y es exponencial, especialmente entre los jóvenes y empresarios. Estamos hablando de 15 millones de usuarios con internet móvil, adicional a un porcentaje considerable que existen con dispositivos en los 45.5 millones que son usuarios en internet.

Es muy serio no tener presencia en un celular, sencillamente porque se está desperdiciando una puerta abierta que el cliente tiene en sus manos y lleva consigo a cualquier lugar.

Piénselo, si no es usted quien está presente en esa puerta con él, alguien más lo está haciendo o sencillamente nadie.

Apoderarse de la puerta que los teléfonos celulares son, es cada vez más importante. Los escenarios para generar valor con el cliente en este momento son propicios y abundantes. Es fundamental estar de cerca, para mañana ya será demasiado tarde.

¿Cuánto valen sus bits?

Pareciera que los bits no existieran en nuestras vidas, tanto que pasan desapercibidos e incuestionables, pero los bits se han vuelto fundamentales, y crece tanto su volumen todos los días en nuestros dispositivos electrónicos, que vale la pena cuestionarnos ¿Cuánto valen nuestros bits?

Nicholas Negroponte escribió, hace ya 18 años, en su libro Being Digital (1995): “Un bit no tiene color, ni tamaño ni peso y puede desplazarse a la velocidad de la luz. Es el elemento atómico más pequeño en la cadena de ADN de la información, que describe el estado de algo: encendido o pagado, verdadero o falso, arriba o abajo, adentro o afuera, blanco o negro”. Pareciera de locos estar tomando una fuente tan añeja, pero me resulta fascinante encontrar en ella, de manera tan clara, la definición de que los bits representan la parte más básica de la información en nuestra era electrónica.

Los bits son tan poderosos que con un conjunto de ellos podemos tener diferentes tipos de formato de información: audio, video, imagen, datos, etc., pero no sólo eso, tenemos una capacidad tremenda sobre los contenidos que hoy en día no podemos tener con los átomos.

Con átomos, por ejemplo un disco Blu-Ray y su empaque, transportarlo y distribuirlo tiene por lo regular un costo, ocupa espacio físico, transformar físicamente dicho disco de manera instantánea en otro cosa, resulta casi imposible, los átomos son de otro peso y tienen distintas características y capacidades en comparación con un conjunto de bits, presentan sin duda distintas condiciones y posibilidades.

A los bits los podemos multiplicar de manera instantánea, corregir, transformar su apariencia, cambiar su sentido, podemos comprimir o reducir su tamaño, ordenar, transportar de manera acelerada de un lugar a otro; por todo ello los bits son los preferidos por los banqueros y sistemas financieros en el mundo, y no las monedas y billetes físicos (átomos), lo que además fuera imposible de manejar.

Si le despojaran de su dispositivo móvil o su computadora, ¿qué le pesaría más, la información (bits) o el hardware por muy novedoso y potente que este sea?

Pero con toda esta capacidad que nos dan los bits, y lo valioso que pueden resultar, también hace que se forme un fenómeno junto a sus bondades, que no le sucede a los átomos y que en su momento mencionó Baudrillard: “La información, en lugar de transformar la masa en energía, produce todavía más masa”, por lo que cuando se sale de control se vuelve incapaz de administrar y de poca calidad, por lo que no necesariamente todos los bits que existen en nuestros dispositivos son valiosos, afectando así nuestras vidas, teniendo un costo en tiempo, esfuerzo, propiedad intelectual, relación con otros usuarios, y muchos otros.

Por ello vale cuestionar ¿Qué tan valiosa es la información, en cualquiera de sus formatos, que tiene en sus dispositivos electrónicos tanto para usted como para quien usted comparte?, ¿qué tan ordenada está?¿tiene sólo lo valioso o acumula información sin tener certeza de lo importante?¿Tienen calidad los bits que ve, escucha, usa, distribuye y genera? ¿Qué tan útil le son sus bits?

No importa que tengamos el mejor equipo, el ancho de banda más alto, el contar con un alto conocimiento computacional o tener sistemas de almacenamientos enormes en la nube y/o en nuestros discos duros, si nuestros bits no tienen el valor suficiente para sernos útiles en nuestra vida, en la competitividad, en ser mejores profesionistas o sencillamente mejores personas. Los bits nacieron para mejorar nuestras vidas, por ello debemos cuestionar su valor.

Experimentos para Avanzar

La razón principal de aplicar experimentos en las Startups, es por lo que bien dice Alberto Savoia en su libro Pretotyes (2012): “Los datos vencen a las opiniones”. Lo que se quiere lograr al hacer experimentos en las Startup es contar con datos sustentados que libere al emprendedor a no gastar tiempo en hacer o desarrollar algo que a nadie le interesa. De hecho Ahlstrom y Fur (2011) coinciden con Savoia cuando utilizan el ejemplo de eKidsMovies.com en su libro Nail It Then Scale It: “Si el equipo hubiera llevado a cabo focus group, estos clientes hubieran estado asintiendo con la cabeza cuando se les preguntara si el acceso a las películas para niños representaba una molestia para ellos y además dirían estar dispuestos a pagar por el servicio. Sin embargo, sólo después de que los emprendedores construyeran el sitio es cuando se darían cuenta que en realidad lo clientes no estaban dispuestos a pagar, porque el problema no representaba una necesidad monetizable”.

De hecho Eric Ries (2011) lo dice así: “un experimento es más que una simple investigación teórica; también es un primer producto. Si este o cualquier otro experimento tiene éxito, permite al directivo empezar con su campaña: conseguir a los primeros usuarios, añadir trabajadores a cada nuevo experimento o iteración y, finalmente, empezar a crear el producto. Cuando el producto esté a punto para ser distribuido, ya habrá consumidores consolidados. Tendrá solucionados problemas reales y ofrecerá una especificación detallada de por qué necesita crearse. A diferencia de la planificación estratégica tradicional o del proceso de investigación de mercado, esta especificación estará enraizada en la retroalimentación de lo que está funcionando hoy, en lugar de lo que se anticipa que puede funcionar mañana”.

Los emprendedores están aprendiendo a no usar el modelo típico de desarrollo de productos en sus Startups, y ahora se enfocan al uso de experimentos, de bajo costo, tiempo reducido y enfocados, que les permita mediante iteraciones con clientes, poder validar: la necesidad o problema, la idea de propuesta de valor, el mercado, el modelo de negocio, la necesidad de un pivote, la oportunidad de escalar y otros objetivos, que dependiendo de la Startup pueden resultar relevantes, todo ello por encima de las opiniones. Es decir, un emprendedor requiere no uno, sino varios y diferentes tipos de experimentos que permitan poder obtener pruebas legítimas para ir desarrollando su Startup.

Lo anterior, vuelve relevante el preocuparse por diseñar experimentos, no sólo se trata de un experimento, sino de varios, de los cuáles debemos asegurar lo que pretendemos, por ello debemos estar seguros de, según Gutiérrez y de la Vara (2008) en su libro Análisis y Diseño de experimentos: “Entender el problema o lo que estamos estudiando, elegir las variables de respuesta que será medida en cada punto del diseño y verificar que se mide de manera confiable, determinar lo que se debe estudiar, de acuerdo a la supuesta influencia que tiene sobre la respuesta, seleccionar los niveles de cada factor, planear y organizar el experimento y realizar el experimento”. El no contar con  un método y etapas del diseño del experimento para poder diseñarlo y poderlo realizar, sin duda hace que los experimentos sean amorfos, que nos basemos en opiniones y que su aplicación y resultados pueden ser cuestionables, metiendo en problemas al emprendedor en su búsqueda de desarrollar su Startup y su aprendizaje.

Ahlstrom y Furr (2011) hacen notar la relevancia del experimento con los clientes y no sólo con opiniones: “Los emprendedores innovan, los clientes validan. Como emprendedor debes formar hipótesis sobre la problemática del cliente; los clientes validarán si has entendido acertadamente su necesidad” Sin duda, en esta nueva forma de hacer emprendimiento no se le dejará simplemente a la opinión sino que se utilizará un experimento, bien diseñado, donde el cliente no deje nada a la imaginación y pueda opinar sobre algo en la mesa, por ello las iteraciones harán que se vaya refinando lo que estemos haciendo para que cumpla con las expectativas del mercado

Todos tenemos un emprendedor dentro

A lo largo de mi experiencia en el área de emprendedor me he logrado dar cuenta que todos tenemos un emprendedor dentro, esto más allá del conocimiento del área, lo llevamos en el DNA y lo tenemos que detonar, y para ello hay que estar consciente de qué tipo de emprendedor somos.

¿Qué quiero decir con lo anterior?  De que existen básicamente dos tipos de emprendedores que están dentro de nosotros y que están influenciados por la formación, habilidades, actitudes, valores, y por qué no, por nuestros gustos y pasiones, sin embargo muy pocas personas pueden tener desarrollados ambos tipos por igual, les llamaremos casos extraordinarios, si tu descubres que eres uno de esos, debes festejarlo en serio.

Los dos tipos de emprendedores que básicamente existen dentro de nosotros son:

a)    El emprendedor negocio.

b)    El emprendedor producto.

Estos tipos de emprendedores que llevamos dentro están por lo regular más desarrollado uno que otro y si identificamos cuál es el tipo qué más tenemos desarrollado, debemos explotarlo y de ser posible conseguir un socio con las habilidades y destrezas del otro tipo.

Un emprendedor negocio por lo regular es una persona que sin importar el tipo de producto que tenga en sus manos será capaz de implementar un modelo de negocio que logre por lo menos que la empresa que está formando se vuelva sostenible, va fijar todo en lograr hacer que la empresa se forme y sea capaz de ser competitiva, se enfoca por lo regular en la cadena de valor, los canales, clasificación y relación de clientes, tipos de mercados y nichos, distintas forma de ingresos, entre otras áreas y herramientas que hace uso con el fin de lograr su objetivo, que sea negocio.

Un emprendedor producto está apasionado por que su producto, sea tangible o intangible, tenga aceptación. Este tipo de emprendedor modifica, cambia y hace todo lo que sea necesario para que el producto sea aceptado tenga el suficiente valor para que este sea consumido, usado y/o adquirido, está enfocado al producto, y por lo regular pierde el sentido del negocio, esto no significa que no estudie a los clientes, ni el mercado, simplemente está preocupado por lograr que el producto sea exitoso.

La fórmula de que existan ambos en un equipo es sin duda una combinación muy poderosa, logran de manera acelerada logros y el ritmo de retroalimentación sobre resultados y cambios se vuelve muy enriquecedor, pueden desplazarse mucho más rápidamente sin caer en postergaciones ni resultados amorfos e incompletos, de hecho mucho de los programas que actualmente hay de apoyo a emprendedores deben tener muy en claro este punto, pero principalmente tu que quieres ser exitoso, debes identificar qué tipo de emprendedor eres y buscar tu contra parte, esto subirá las posibilidades de éxito de manera considerable.

‘Information Literacy’, ¿Y eso para qué?

Hace ya más de 5 años que publiqué en Noroeste un artículo llamado El fracaso en la inversión de Tecnologías de Información en las empresa en el cual hacía estas aseveraciones: ”Es real. Las empresas desconocen qué saben o qué necesitan saber. Las empresas disponen de poca información accesible para tomar decisiones. Ninguna empresa puede ya darse el lujo de desperdiciar información, dejar de darle valor y, sobre todo, no utilizarla correctamente”. El problema no se ha ido, ni siquiera se ha minorado, por el contrario, ha aumentado considerablemente, todo porque en el fondo es falta de formación en la sociedad y las organizaciones, el problema de “Information Literacy” en nuestro país es general.

Information Literacy” no es otra cosa que adquirir la capacidad de saber cuándo y por qué necesitas información, dónde encontrarla, y cómo evaluarla, utilizarla y comunicarla de manera ética.Se considera un prerequisito para participar eficazmente en la Sociedad de la Información y es parte de los derechos básicos de la humanidad para un aprendizaje de por vida, la OCDE la incluye como una de las competencias básicas. En España, es una de las ocho competencias básicas que todo estudiante debe alcanzar al acabar la Educación Secundaria Obligatoria (Wiki, 2013).

El cómo darle valor a la información y conocimiento es hoy por hoy uno de los grandes imperativos, tanto que existen muchos sitios y organismos dedicados a esta problemática, como la American Library Association dedicados a la labor de lo que es “Information Literacy” y su desarrollo en la academia y sociedad.

En México también existen organismos como es el caso de La voz del Bibliotecario de la Universidad Autónoma de Chihuahua (2007), la cual además cuenta con un diagnóstico de habilidades informativas en nuestro país, el cual se llevó a cabo por Silvia Escudero (2007) en diferentes facultades, en forma de encuesta en una muestra de 268 usuarios, dando los siguientes resultados: el 99.6 por ciento localiza información en Internet; el 41 por ciento tiene problemas al buscar información: 36.6 por ciento desconoce la página del SUBA (Sistema Universitario de Bibliotecas Académicas); un 25.4 por ciento maneja el catálogo en línea; 31 por ciento conoce otros catálogos o bibliotecas virtuales, la mayoría sabe utilizar herramientas de Office; un 42.2 por ciento considera que carece de habilidades para buscar y recuperar información; 49.3 por cieto conoce las bases de datos con que cuenta la universidad y el 60.8 por ciento maneja la navegación y ejecuta búsquedas avanzadas, sin embargo el 95.5 por ciento manifiesta que le interesa desarrollar las habilidades para buscar información

Como bien podemos darnos cuenta, con el estudio anterior, la necesidad de estas habilidades y aptitudes es bastante clara, más allá del asunto de los avances tecnológicos, nos podemos dar cuenta que dichos avances nos están generando más datos e información, pareciera se abre una brecha clara entre el aceleramiento exponencial de datos e información que están generando las TI y la falta de habilidades y aptitudes en lo que se refiere a “Information Literacy” por parte de los usuarios y las organizaciones.

Pareciera que las deficiencias y los problemas para entender la información y conocimiento se sigue acelerando, esto es quizá por la adopción constante y acelerada de las tecnologías y tal vez, al deslumbramiento de innovaciones, que nos hace a los usuarios y las organizaciones cuestionarnos menos sobre las habilidades en lo que se refiere a “Information Literacy” y preocuparnos o motivarnos más a estar simplemente en la vanguardia tecnológica. Empieza a afectarnos, y hacer que el problema pase a ser crónico, y cada vez más nos alejamos, en especial en México, de lo que es la Sociedad de la Información y el Conocimiento, y el valor que ésta puede generar en el desarrollo de nuestra sociedad mexicana.

Fuente: Periódico Noroeste

Una propuesta de valor significativa

Cuando estamos empezando nuestro modelo de negocio, un asunto obligado y responsable, con la idea de crear un negocio exitoso o al menos minimizar los riesgos de fracaso, es fundamental asegurarnos  que nuestra propuesta de valor sea significativa, y para ello al menos tenemos que cumplir con tres principios básicos, es decir, la propuesta de valor debe ser: diferencial, única y sostenible.

Pero ¿Qué es la propuesta de valor? “La propuesta de valor es el factor que hace que un cliente decante por una u otra empresa, su finalidad es resolver un problema, satisfacer necesidades del cliente o cumplir expectativas” (Osterwalder, 2010).

En sí, una propuesta de valor es un conjunto de productos y/o servicios que satisface a un segmento de mercado, esta incluye beneficios para el cliente y ventajas, por ello debemos estar seguros que la propuesta de valor es diferencial, única y sostenible, esto con el objetivo de no caer en similitud con una oferta que ya exista en el mercado.

La propuesta será de valor diferencial cuando esté claramente diferenciada por el cliente, y esto se dará en la medida que se encuentre convencido y seguro de la distinción del por qué comprarnos a nosotros, y no al resto.  Para ello, tenemos que hacer cambios significativos, especialmente en la experiencia que tiene el cliente desde que nos contacta, se informa, adquiere, usa, evalúa el  producto y/o servicio le ofrecemos hasta que le damos el servicio posventa, es decir, nos debemos preocupar por diferenciar no sólo el canal sino la experiencia de hacer uso del mismo, también debemos estar preocupados en cómo nos relacionamos con el cliente, y por supuesto, cómo diferenciamos nuestro producto y/o servicio. El valor diferencial debe ser capaz y estar desarrollado con el objetivo de lograr lealtad.

La propuesta de valor es única, cuando la competencia le resulta complicado imitar la propuesta de valor, esto porque generamos procesos, condiciones y beneficios que son complicados de replicar para la competencia. Más allá de hacer uso de métodos como las patentes. El valor único se refiere a definir barreras de calidad en los detalles y en cómo le puede resultar complicado imitar a la competencia nuestros ritos para hacer vivir la experiencia al cliente, ser único requiere cuidar ritos de relación y experiencia, donde el cliente es parte de ello y no tiene lugar la imitación de la competencia, esto porque no tiene las mismas sensaciones, identidad y satisfacción con el que tiene autenticidad, y ello se debe aplicar a productos y/o servicios indistintamente.

Toda propuesta de valor será sostenible, y debe serlo, porque esto es el negocio. La empresa debe ser capaz de repetir experiencias, ritos, beneficios, procesos y calidad del producto y/o servicio, es decir, debe repetir su propuesta de valor en toda su integridad. El hecho de que el cliente encuentre variación en cada contacto con la empresa hace generar insatisfacción, aun así sea variación para bien, esto porque puede subir una expectativa que no podremos cumplir todo el tiempo y esto generará insatisfacción, debemos ser capaces de replicar cada actividad que hacemos sino debemos pensar muy seriamente liberarle al cliente. El cliente espera que siempre funcione igual no que unas veces funcione y otras no, de hecho este ciclo hace caer en un problema de calidad tanto en el producto como en el servicio.

Entonces ¿Qué ritos y experiencias hacemos vivir a nuestro clientes con la propuesta de valor que estamos por generando o que tenemos?,  ¿Son diferenciales y únicas?, ¿Con qué facilidad las podemos repetir?, pero ante todo ¿Genera lealtad o apego por querer repetir por parte de nuestros clientes?

La compra de juventud de las grandes empresas

Seguro lo ha notado, empresas como Facebook, Google, Twitter, Microsoft, Apple entre muchas otras de base tecnológica, adquieren empresas o startups porque cuentan con nuevas tecnologías que empiezan o son gusto del mercado joven, y uno piensa simplemente que el pez grande se traga al pequeño como siempre o uno no encuentra sentido a la adquisición, como en su momento sucedió con Google adquiriendo a YouTube o Facebook con Instagram o Twitter a MoPub, es decir, empresas que son sólidas hoy en día, buscan adquirir tecnología más que desarrollarlas, a pesar de ser empresas millonarias, no quiero decir que no desarrollan tecnología en su seno, pero no parece tan de valor como adquirir, pero ¿Por qué? ¿Qué intentan más allá de ingresar más dinero a sus arcas?

Clayton Christensen (2003) en su libro el Dilema de los Innovadores nos habla de cómo las empresas fallan en mantener una participación en el mercado, más allá de escuchar a los clientes, llevar buenas prácticas y enfocarse a sus tecnologías más rentables. Este es quizá el temor de las empresas antes mencionadas, su mercado se empieza a agotar dejan muy pronto de ser novedad y de volverse poco innovadoras por el valor que aportan al mercado que ya tienen, esto se debe también a lo que dice Chirstensen (2003)

“Los mercados y tecnologías cambian, les sucede a cualquiera, no importa si la industria cambia rápido o lentamente sin importar en cuál tecnología se basan”.

El miedo de las empresas de tecnología por quedarse fuera de la jugada es enorme y evitan a toda costa por sus ciclos tan cortos en el mercado, volverse un Woolworth o un Aqua Velva, que pasaron a ser de valor sólo para viejas generaciones y no forman parte de las nuevas generaciones, mantenimiento un segmento reducido de negocio por no haber identificado el cambio y no ser empático con las últimas generaciones.

La adquisición de empresas o startups de base tecnológica con productos innovadores cobra sentido cuando nos damos cuenta que lo que buscan las grandes empresas es comprar juventud partiendo de la hipótesis de que los jóvenes marcan tendencias de adopción y con el tiempo las generaciones más antiguas se empiezan a ambientar y a usarlas.

Lo anterior sucede porque los jóvenes tienden a experimentar y arriesgar para validar si la tecnología le aporta algún beneficio y así adoptarla con toda libertad, claro que para ello la tecnología debe estar a su alcance, tanto económicamente como disponible a su segmento, es por ello que los gigantes adquieren empresas con tecnologías que de pronto nos pueden resultar tan raras en un inicio a las generaciones no tan jóvenes, pero con un sentido enorme para los jóvenes.

Pero ¿Qué logran las empresas comprando juventud en nuevas tecnologías? Lo siguiente:

1. Eliminar una amenaza futura.

2. Adquirir un nuevo mercado.

3. Contar con nuevos clientes.

4. Obtener transferencia de conocimiento.

5. Descubrir tendencias.

6. Contar con tecnologías validadas en el mercado.

7. Tener un nuevo equipo de trabajo.

8. Obtener nuevos ingresos.

9. Definir nuevas barreras de entrada a sus competidores.

10. Y explorar nuevos proyectos de valor.

Comprar juventud para los individuos puede pensarse casi imposible, pero en el caso de las empresas las adquisiciones son un nuevo octanaje, un abanico de posibilidades, más si se trata de mercados jóvenes, validados, donde su ciclo de maduración está lejos de empezar, por lo que el valor de la innovación se puede incrementar en el tiempo y con esto lograr poner a la empresa adelante del gusto de nuevas y viejas generaciones, por ello lo que hoy nos resulta un absurdo para las empresas representa valor futuro, en especial cuando se trata de jóvenes.

Fuente: Periódico Noroeste

Ritmos Cognitivos para la Innovación

Más allá de las marchas, pleitos, dimes y diretes, plantones y lastre que traen un segmento de profesores en nuestro país, en el aula empieza a brotar la necesidad de realizar cambios, quizá existen muchos que ignoro, unos importantes y otros no tanto, con quienes trabajo muy de cerca es con jóvenes, y cada vez más se vuelve fundamental saber programar, Dans (2013) “no para que sean programadores cuando crezcan, sino porque van a pasarse la vida rodeados de objetos programables”, y por supuesto, no me refiero al hecho de enseñarles a programar a edades adolescentes o nivel superior, porque existe la urgencia de hacer cambios de fondo, desde la preprimaria. Puede en un primer acercamiento parecer descabellado, una idea de locos y por supuesto obligaría a la pregunta: ¿Para qué?

En el artículo de Koerner (2013) Forget Foreign Languages and Music. Teach Our Kids to Code podemos encontrar a Paul Gibson, un profesor de Ciencias Computacionales de la Universidad Nacional de Irlanda, quien ha estado investigando bajo la pregunta: ¿Qué tan joven es demasiado joven para empezar a programar? Y revisando algunos estudios de psicología educativa, Gibson encontró que era inútil enseñar a programar a niños que no tenían alfabetización, sin embargo sin aceptar tal conclusión, llevó acabo experimentos con alumnos de 5 y 6 años, y se dio cuenta que comprendieron lecciones de programación de una manera sorprendente, por encima de generaciones mayores. Según Paul Gibson: “Los niños de 5 a 11 años tienen tanto potencial para el aprendizaje de algoritmos y la computación, que sería una lástima esperar hasta que sean adolescentes para que les enseñemos los fundamentos”.

Hoy existen demasiadas tecnologías disponibles, que posibilitan enseñar a niños y jóvenes a programar, lo mismo que algunas técnicas didácticas que aceleran y simplifican el aprendizaje, sin embargo, como bien podemos encontrar en el artículo de Koerner “empezar a una edad temprana facilita demasiado las cosas”, es por ello que debemos lograr cambios y no hacer que nuestros jóvenes sufran un dolor innecesario a edades posteriores, o que sea peor, que en general no le vean sentido al saber programar, cuando empieza a ser necesidad.

Tal vez todo esto resulte interesante, pero más allá de saber de que niños a edades tempranas logran resultados sorprendentes cuando se trata de programación, la pregunta sería ¿Para qué?

Edans (2013) “La programación enseña a pensar, permite desarrollar habilidades que cognitivamente tienen un valor muy elevado, y resulta especialmente eficiente cuando se comienza a edades tempranas” y además enseñar a programar a esas edades posibilita el desarrollo de habilidades cognitivas para entender reglas, principios, condicionales, lógica, funciones, algoritmos y matemáticas, algo que los alumnos hoy en día obtienen al ritmo del dolor, y quizá también ofrece ventajas mayores, es decir una formación mental más completa y competitiva como diría Steve Jobs “Una computadora es para mí la herramienta más sorprendente que hayamos ideado. Es el equivalente a una bicicleta para nuestras mentes”.

Por otro lado, en el mercado las necesidades de hacer desarrollo tecnológico; crear innovación; usar objetos programables; satisfacer una alta demanda de programación; cada vez es necesario entender y ser competitivos en los ecosistemas tecnológicos y su disrupción será posible sólo si las bases son más sólidas. La programación sin duda hará más visible la necesidad de matemáticas y evidenciará la utilidad para aquellos pragmáticos, que absurdamente dicen no encontrarle valor.

El poder de creación y resolución de problemas que da la programación es sin duda increíble. Por ahora, estamos distantes y nos cuesta demasiado generar innovación de valor, mentes poco fuertes y torpes en ese sentido, sin embargo los países desarrollados empiezan a circular desde preprimaria, ellos saben que una nueva revolución está por llegar, y si queremos ser innovadores debemos cambiar de manera disruptiva, tenemos que ser capaces de andar en bicicleta por nosotros mismos y no que nos paseen en una de ellas, porque si eso sucede el rezago será mayor con los países desarrollados.